Finalmente Microsoft ha dado un paso adelante en el camino para dejar atrás a Windows 7 y Windows 8.1, las dos versiones inmediatamente anteriores a Windows 10. Tal y como nos habían avisado con anterioridad, la compañía ha dejado de distribuir las licencias de este sofware a los fabricantes de equipos informáticos.
Esto en la práctica implica que será difícil o imposible adquirir un nuevo ordenador con estos sistemas operativos, a excepción de aquellos modelos que todavía estén en circulación en el mercado con cualquiera de ellos instalado. Como ocurre con la llegada de cada nueva versión de Windows, es hora de mirar hacia delante.
Con Windows 10 la compañía no solo se centra en la plataforma de PC, sino que el sistema pasa a ser entendido como un servicio que se ofrece a los usuarios bajo una plataforma unificada, capaz de estar presenta en cualquier tipo de dispositivo electrónico que existe actualmente (de hecho, hasta Microsoft Hololens cuenta con él).
Sin embargo, las versiones Home y Ultimate de Windows 7 ya fueron descontinuadas hace dos años, estando disponibles únicamente la Professional para fabricantes, junto a todas las variantes de Windows 8. La única posibilidad que tendrán ahora los fabricantes si quieren optar por Windows, es instalar la última versión.
Para evitar cualquier tipo de problema a los usuarios de cara a la inevitable migración, la compañía ofreció durante el primer año de vida de Windows 10 la posibilidad de actualizar de forma gratuita a la versión más reciente, aunque personalmente recomiendo realizar un formateo e instalación limpia, ya que este proceso puede dejar como resultado un sistema inestable y con fallos.

Mientras tanto, aquellos que ya tengan Windows 7 o Windows 8 en sus equipos no tienen que preocuparse, ya que el soporte extendido del primero finalizará en 2020. Mientras tanto, Windows 8 contará con soporte directo hasta 2018, y soporte extendido hasta 2023, un tiempo más que suficiente para permitir el paso a una versión más reciente.